15.2.10

Caballos de La Camargue


Yves Brayer pintó un cuadro que me trae dulces recuerdos de un paisaje televisado de la Francia sureña: Chevaux de Camargue La estampa es idéntica a aquella que recuerdo de los bellos caballos albos de La Camargue chapoteando en las marismas del delta del Ródano. Según mi madre, los caballos de la Camargue no son tan hermosos, pues se pelean a menudo y están sucios y llenos de cicatrices, mientras que aquellos que yo recuerdo estaban inmaculados y, aunque salvajes, parecían dotados de una nobleza tal que ningún ser humano podría igualarla.

Ahora que lo pienso, es posible que esta creencia mía tenga que ver con «Los viajes de Gulliver», de Jonathan Swift, que leí siendo muy niño; no una versión resumida para niños, sino una traducción íntegra y directa del original de Swift, editada por Anaya, que mi madre me regaló. Le gustaban las ediciones íntegras, cosa que le agradezco. No soporto la censura.